Recuerdo claramente a Carl
Sagan diciendo, casi declamando: El Cosmos es todo lo que existe, todo lo que
ha existido y todo lo que existirá. Con estas palabras que en la mente de los
niños, acaso también de los hombres, suenan como a una invocación mágica,
emergían títulos como “El espinazo de la Noche”, “La enciclopedia Galáctica”, “Quien
habla en nombre de la Tierra” o “Blues para un planeta rojo”; son expresiones,
que no parecen apropiadas para un documental de astronomía. Retumban poéticas.
Sagan nos encaminaba con una
serie de programas de televisión, hacia la orilla del océano cósmico, se propuso
poner al alcance de las personas sencillas, una parte destacada y deslumbrante del
conocimiento acumulado de la humanidad.
Un joven Carl, ataviado de un
elegante saco de pana, inició a toda una generación en los misterios del Cosmos;
que por supuesto incluían los últimos avances de las ciencias físicas, en
particular de la astronomía, no obstante también cabían en el formato del
documental, reflexiones históricas, así como consideraciones políticas sobre el
presente y el futuro de la humanidad. La gran lección personal que me dejó
Sagan y Cosmos, fue que a pesar del tremendo egoísmo y del casi inexplicable
instinto asesino de los seres humanos, el Cosmos persiste en su despiadada
belleza, que tenemos la libertad de elegir lo que hacemos en nuestro tiempo, en
nuestra época, que el avance de la ciencia y la tecnología, pueden ser
destrucción y redención al mismo tiempo, y que la decisión de tener una existencia
decente es siempre, como Carl decía: un viaje personal.
Ahora, qué es el Cosmos para
un sólo individuo, que en la intimidad, entra en pánico ante la enormidad del
tiempo y del espacio, ¿qué puedo entender del cosmos?, ¿interesa saber algo más?,
la reflexión sobre el tema es tan vasta, que su entendimiento es una tarea,
probablemente infinita. Y del Cosmos derivan dos enunciados cruciales:
Principio y Fin.
Cuesta trabajo no sentir un
terrible inquietud, al estudiar lo que nos dicen los científicos del principio
del Cosmos: hace una cantidad enorme de años, eones, por medio de algún proceso
aún desconocido, en un punto infinitamente denso, comenzó la realidad, por vía
de una gran explosión, ¿iniciada por quién?, por nadie; o eso suponen los
expertos del tema, ¿para qué?, para nada, o para todo.
En un momento fundacional algo, explotó y comenzó la existencia y
con ella, el tiempo y el espacio. Existe algún consenso sobre los procesos
físicos y químicos que fueron desatados después del ese incierto principio del
Cosmos, pero, sobre que existía antes de ese principio, nadie ha esbozado
alguna teoría medianamente aceptada, he escuchado y leído a algún científico
expresar, que no tiene sentido hablar de un momento anterior a la gran
explosión, ya que el Tiempo como lo concebimos no existía, esto supone, no sólo
un gran ejercicio mental y adecuar la estructura del pensamiento para un
instante sin Tiempo, también exige un alma de titán, para afrontar la soledad, del
Tiempo inexistente.
Aun así, estimo que debe de
existir alguna respuesta, no es concebible que vengamos de la nada y hacia la nada
nos dirijamos. Por ello la humanidad, debe de encontrar, las respuestas sobre
el origen del Cosmos, que con todo su rigor ofrece la ciencia, para que entonces;
quede en manos de los filósofos y los pensadores del porvenir, la búsqueda de
respuestas que mitiguen y alejen del alma humana las temibles dudas de la
creación.
El otro cabo del Cosmos es el
fin de sí mismo, ¿hacia donde se dirige esta enorme vastedad de formas que
ocupan la existencia?, de nuevo parece ser que hacia la nada, los procesos
entrópicos van deshaciendo lo hecho, una
serie casi infinita de creaciones y destrucciones, que al final del Tiempo,
dicen los científicos, acabará diluyéndose en partículas inmóviles cada vez más
pequeñas e increíblemente frías, y cuando el ultimo pedazo de materia, consuma
el último paquete de energía, el Tiempo simplemente se detendrá y con ello el
Cosmos llegará a su fin. O eso, es lo que los expertos piensan que puede pasar,
pero otra vez, lo extenso del Tiempo y lo grande que es el Cosmos nos dejan sin
respuestas.
Estamos entonces ante dos
preguntas sin solución, o una solución que sea comprensible con los sentidos y
la inteligencia que ahora poseemos, cabe recordar, que nuestros sentidos, nuestros
instrumentos, nuestra filosofía, nuestra ciencia, es a fin de cuentan un
conjunto de experiencias que fueron acumulándose, de métodos que fueron perfeccionándose,
pero limitados a nuestra vida, a nuestras inquietudes y a nuestra curiosidad.
¿Por qué sentimos curiosidad sobre el Cosmos?, no lo sabemos.
Hemos construido una visión científica
de la realidad, suponiendo la ausencia de un creador, renunciando a la metafísica,
no obstante subyacen en todo el mundo durísimos aparatos religiosos, para los
cuales el Cosmos es la expresión de la voluntad divina, del pensamiento perenne,
de una o varias deidades eternas. ¿Cómo conciliar estas visiones tan opuestas?,
por lado sabemos que el Cosmos no es infinito, tuvo un origen y tendrá un
final, No obstante, no conocemos aún los mecanismos que dieron origen al mismo,
y el final del Cosmos, esta extraordinariamente lejano que no advertimos, ¿cuál
podría ser?, por lo tanto queda, todavía, espacio para un creador, para un
demiurgo, para una fuerza por encima del Cosmos. Sin embargo regresando a Sagan
nos tendríamos que hacer siempre la pregunta, y ¿quién creo al creador?, esta
pregunta se sucede de forma infinita, o será acaso que un improbable creador, nació
a la existencia sin saber de dónde provino. Qué nos redime de esa orfandad
original; queda para los seres del porvenir acercarse a las respuestas, y con
el paso de los siglos tal vez tener la entereza de afrontarlas. Para los
habitantes del presente nos queda la terrible condena de estar atrapados irremisiblemente
en un Tiempo donde tenemos ya claras algunas de las preguntas, pero las
respuesta que ofrece el Cosmos son lejanas, no queda más que susurrar con estupor,
una oración agradeciendo la bella creación bajo la cual existimos.
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