La Restauración
En
la década de los 70 el poder político priista se exhibía grotesco y enorme,
todo en el país se movía alrededor del “Señor Presidente” y de los agraciados
con su amistad. Esto queda retratado en los libros de un gran autor, de aquella época, llamado
Luis Spota.
Su
obra -El Primer Día- estuvo durante años frente a mí, sin que le tomara mayor
importancia, es más no recuerdo cuando lo comencé a leer, sin embargo, me atrapo
desde la primera página, el libro en cuestión forma parte de una serie llamada
la Costumbre del Poder, integrada por títulos tan sugerentes y extraños como: “Sobre
la Marcha, Retrato Hablado, El Rostro del Sueño, Palabras Mayores, La Víspera
del Trueno y por supuesto el Primer Día. Existe un ensayo brillante escrito por
Sara Sefchovich, que se puede encontrar en la Internet.
En
su serie sobre el poder, Spota crea y recrea un país rocambolesco, delirante,
donde su clase gobernante padece un extenso catálogo de excesos; se roba en
exceso, se corrompe en exceso, se miente en exceso, se simula en exceso, se
abusa en exceso y se hace política en exceso. Incluso los nombres de los
personajes son extremos por ejemplo existe alguien llamado Júpiter Centella.
Se
puede presumir que el país inventado por Spota fue el México del poder
presidencial priista absoluto, sin embargo, considero que el autor fue un poco
más allá, imaginó un lugar sin ningún tipo de límites, donde no hay inocentes,
donde no hay ideales, el único objetivo es acumular riquezas y poder, es decir
se adelantó a lo que es hoy día la clase política mexicana.
En
2012 Enrique Peña Nieto asumió mando del
casi extinto Estado mexicano, con él regreso toda la clase política priista,
aún así se las arregló para ampliar su poder al convocar políticamente a los
partidos de oposición, a una inimaginable mesa de acuerdos que eufemísticamente
se llamó “pacto”. Los partidos (incluyendo muy desafortunadamente a la
izquierda partidaria) accedieron de buena gana a compartir su capital
legislativo y asimilarse al poder.
En
la obra de Spota podemos ver en uno de los protagonistas (Víctor Ávila Puig) a
un hombre cruel, un Presidente lleno de carencias emocionales, obsesionado con
pasar a la historia como un estadista, lo que lo lleva a invitar a sus supuestos
enemigos políticos un pedazo de ese jugoso pastel que se llama Estado.
En
estos días somos testigos de que lo que fue la oposición real es decir el
perredismo (El PAN siempre ha sido leal al poder) ha sido cooptado por el
Presidente y para muestra, sólo hay que escuchar como en cada oportunidad que
tienen los líderes de la izquierda partidaria se deshacen en halagos al déspota
sexenal.
Se
ha perdido el sentido crítico de la política. Cuando fue capturado Joaquín Guzmán
mejor conocido como el Chapo, se articuló lo que los viejos comunistas conocían
como el “Aparato”.
Al
más puro estilo presidencialista los operadores priistas organizaron a los
poderes fácticos (Medios de comunicación, clase política, potentados, etc.)
para entonar una estentórea ovación al estratega-estadista, y como ya se ha
dicho en esos aplausos se incluían personalidades de la izquierda.
Entre
las plumas a sueldo, particularmente las de Televisa, casi nadie tomo en cuenta que el criminal en cuestión
fue capturado apenas unos días después de la visita del presidente de los Estados
Unidos, ni tampoco parecen reparar en que alguien tan poderosos apenas se
encontrara resguardado. Definitivamente este hecho apunta ser la culminación de
la restauración del poder priista.
En
muy poco tiempo el nuevo Presidente ha avanzado en una agenda liberal a
ultranza, que es vista con buen agrado por los factores reales de poder, es
claro que se ha restaurado el pacto con el crimen organizado, se ha pactado la
continuidad de los monopolios, se ha pactado la entrega de los energéticos, se
ha pactado la impunidad de los operadores políticos de los partidos, es decir
el ejercicio democrático del poder está sepultado, asistimos a la consolidación
de la república de los plutócratas.
Sin
embargo los propietarios del Estado mexicano, aún tiene un gravísimo problema;
que se llama Pueblo de México, porque aun con todo el aparato propagandístico
de los monopolios, la realidad se impone, en 2012 creció la cantidad de
personas en pobreza y pobreza extrema en el país.
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