viernes, 9 de marzo de 2012


El Péndulo de Foucault y El Código Da Vinci dos visiones sobre la Teoría de la Conspiración.
Para todos aquellos entre los que me incluyo, que leyeran en algún momento la obra de Dan Brown, coincidirán conmigo de que se trata de una obra eficientemente armada, con el estilo del guión clásico de Hollywood, que de inmediato atrapa al lector por su estilo fácil digerible lleno de guiños a la cultura pop y que aborda con una superficialidad extraordinaria los orígenes del catolicismo y del mito cristiano.
En el Código, pareciera demasiado obvia la relación María magdalena-Leonardo da Vinci- Los Merovingos-Priorato de Sion, inclusive uno se pregunta si estas relaciones de evidente conspiración para mantener a salvo el linaje de sangre divino, no son absolutamente claras, es muy gracioso que tenga que ser un profesor norteamericano de Harvard, el que descubra el hilo negro y de un plumazo devele siglos de secrecía gnóstica, o sea los pobres haciendo sus sociedades súper secretas milenarias para que de repente un profe de mediana edad (ni siquiera un venerable anciano que se marchitó en un gabinete buscando la lógica oculta en los símbolos) con una gran condición física y carisma, devele el peligroso secreto.
Sin embargo es un libro que tiene una cantidad importante de referencias a grupos como el Opus Dei, asoma a la política interna del vaticano y da un paseo muy agradable por los lugares históricos de Francia y Gran Bretaña.
Sobre las sociedades secretas existe un sobre simplificación, pues reduce el debate histórico-esotérico a buenos y malos, a angelicales guardianes y siniestros profanadores y sin embargo nunca cuestiona el razonamiento místico de las sectas y sociedades secretas. Por lo anterior fui afortunado en leer primero el Código dado que puede disfrutarlo.
Por otro lado el Péndulo de Foucault de Umberto Eco es una obra maravillosa, en la que hay que hacer un esfuerzo inicial por conectarse con ella, esta maneja un cantidad ingente de información histórica, hace un recorrido increíble que va desde los  primeros cabalistas judíos, hasta los neo templarios contemporáneas, exquisitamente ambientada en los 60`s milaneses, tres  intelectuales, sólidamente formados en la izquierda y en la crítica e investigación literaria se van asomando poco a poco a un mundo irreal; el mundo de las sociedades secretas.  Tres son los focos en la obra, por un lado la historia de los Pobres Caballeros de Cristo mejor conocidos como ”Los Templarios” y específicamente sobre el proceso judicial-eclesiástico que el Rey Felipe IV de Francia y la iglesia romana inicia contra ellos.
El segundo foco es la vida cotidiana en las editoriales italianas su plan de negocios adecuado para toda necesidad humana y el tercer foco está centrado en la inquietante y perturbadora posibilidad de crear la Historia, simplemente se necesita un método, el problema es afrontar las consecuencias de ser un creador.
El péndulo es una obra que desnuda la formula esotérica de crear a partir de asimilar como verdaderas similitudes vagas y confusas, por lo tanto la crítica es clara para pertenecer a una sociedad secreta hay que contar con algunas características; primero suspender todo pensamiento crítico y aceptar los metafísico como una verdad cabal y segundo tener una poco de megalomanía y creer en la existencia de poderes místicos que permiten el control del destino de otros seres humanos.
El Péndulo de Foucault tomo su nombre de un famoso experimento con el que se comprueba la rotación del planeta, está construido sobre la base de capítulos, que  suman 120, todo ellos inician con una cita esotérica o cabalística, por lo que sorprende la vastísima cultura de Eco, sin duda un pensador profundo divertido y aleccionador.
El Código Da Vinci deja un buen sabor de boca, es un buen hot-dog acompañando de una cerveza bien fría, un producto listo para comerse en los tiempos de ocio frente a una playa de vacaciones.
Por otro lado el Péndulo de Foucault es un banquete de rigurosa etiqueta para disfrutar una deliciosa pasta italiana acompañada de un buen vino, un platillo que exige del comensal paciencia, tiempo así como cierta preparación, cierta disposición y como recompensa al final entrega una reflexión vibrante que deja sin aliento a nosotros los terrenales lectores.  

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