México y El Foso de las Matanzas.
En la serie de historietas de La Espada Salvaje de Conan el Bárbaro creada por el escritor Robert Howard (editada en México primero por Nóvaro y después por Novedades Editores), existía un pueblo montañés e indómito (Los Pictos) que tenia por diversión arrojar a sus enemigos a un hoyo llamado el Foso de las Matanzas, donde los esperaba una bestia subhumana terrible y sin tener forma de defenderse los desafortunados que ahí caían morían de una forma estrujante, para el regocijo de la turba que miraba morbosa, por cierto Conan es arrojado al foso.
En el país las historias de matanzas siniestras se multiplican el horror está cada vez más cerca y menos controlado, ya no es el sólo hecho de privar de la vida a otro ser humano, algo muy común en las entramadas de la delincuencia. El fenómeno al que impávidamente estamos llegando es a la brutalidad y la barbarie extrema ya sea contra rivales de "negocios" o contra humildes trabajadores migrantes sin culpa, no importa.
Desde hace algunos años las tácticas propias de la contrainsurgencia militar se han adoptado, de tal suerte que vemos cabezas cercenadas cuerpos vejados, personas que no sólo fueron asesinadas sino que sus despojos son utilizados como mensajes entre los jefes del crimen organizado.
De las cifras que maneja el gobierno federal de 2007 a la fecha hay cerca de 40 mil muertos en la guerra contra el crimen organizado, en los años recientes se han encontrado fosas clandestinas con cientos de muertos el caso más publicitado se presentó en San Fernando Tamaulipas en 2010 ahí fueron hallados alrededor de 183 cadáveres de los cuales 130 fueron torturados y muertos con instrumentos simples como martillos y navajas. En fechas recientes decenas de cuerpos mutilados fueron abandonados en Veracruz, Jalisco y Monterrey, por diversas investigaciones se pudo corroborar que una la mayoría de los muertos no tenía ningún vínculo con el crimen organizado.
En medios internacionales (NYT) se habla de cerca de 1300 cadáveres encontrados en fosas clandestinas. Esta sin duda es una cifra aterradora y es la pública, por cierto hay que mencionar que de acuerdo a organizaciones civiles hay más de 10 mil desaparecidos, lo que lleva a preguntarnos cuál será la cifra negra, cuántos muertos estarán fosas que aún no se descubren.
A todo esto ¿quiénes son los responsables materiales de llevar a cabo estas matanzas?, ¿de verdad son seres humanos?, no son acaso demonios, no puedo creer que un ser humano lastime, asesine ,mutile, queme, destace, corrompa y humille un cuerpo de otro humano por 5000 pesos quincenales que es el sueldo promedio de los sicarios en Tamaulipas.
Imagino al sicario terminado su “trabajo” con su machete sangrante, jadeante, trémulo, mirando su obra y lo vuelvo a imaginar haciéndolo 1 y mil veces hasta que sea él quien esté del otro lado. En realidad esto pasa en el Siglo XXI, no podemos decir que los mutiladores, torturadores y asesinos no son ser humano, no podemos decir que no saben lo que hacen o que simplemente son obligados por alguien más, son ellos son personas que en un momento decidieron volverse “profesionales” y siempre tuvieron la oportunidad de simplemente respetar la dignidad de sus víctimas, cosa que decidieron no hacer.
Si alguien me pregunta si imagino una razón válida para la tortura y la muerte con ese grado de brutalidad no sabría cómo explicarlo.
No lo sé entre más lo pienso creo que México es una tierra que se alimenta de la sangre, del sacrificio humano, pues no es acaso cierto que los ancestros de los sicarios pudieron haber sido los sacerdotes aztecas o mayas que practicaban multitudinarios y organizados sacrificios humanos, no será que la cultura de la sangre y del homicidio está profundamente enraizada en México. Este es un síntoma gravísimo que habla muy mal de los mexicanos, como sociedad no hemos asimilado los valores emanados de la cultura de derechos humanos seguimos estancados en el siglo XV.
A fin de cuentas creo que a esta alturas ni hablar del Estado mexicano, que ha dejado de existir y lamentablemente el crimen organizado ha reimplantado la pena de muerte; no hay ley, no hay justicia (ni penal, ni de ningún tipo), no hay jueces, no hay abogados, no hay policías, lo único que queda es el espectáculo, la suerte y la morbosa adicción a la sangre de quien se atreva a cruzar por México “el foso de las matanzas”.
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